Pues llegó el 2007 y ,contrario a lo que había pensado por el conato de depresión que me dio por no poder pasarlo en Guanacaste como todos los años, la pasé demasiado bien.
A todos ustedes, mis amigos, a los que conozco y a los que no, les deseo lo mejor para este año que recién nació: pasión, alegría, amor, música, sexo, inspiración, salud y éxitos; pero sobre todo, esperanza de que las cosas por fin empiecen a cambiar hacia un mundo mejor, sin tanta muerte sin sentido, sin tanta violencia.
Les mando, con este post, un beso, dos poemas y una flor.
Bendiciones.
Inventario
Ni una chiva,
ni una mula negra,
ni una yegua blanca.
Un diccionario de mentiras,
cuatro cigarros menos al día,
un cassette por los dos lados
con la entrevista a un genio,
lencería comestible con sabor a frutas,
una bolsa llena de cosas
que no existen,
la membresía honoraria
a un taller de reparación,
un árbol de tamarindo,
un adiós a la una de la madrugada,
la música de un funeral,
las manos de verdaderos poetas
entrelazadas con las mías,
la foto de la Gata,
la foto de mi ángel,
la del fogón,
tres kilos nómadas que no deciden
si se quedan o se van,
muchas cartas muertas,
una intervención frustrada,
un nuevo apodo,
el inicio de un sueño
que se siente como un sueño,
la soltura de mis dedos
cada vez más vivos,
la certeza de que voy hacia donde yo sé,
de que nada va a detenerme
aunque vaya a tropezar.
2006
El año se acaba.
Parece que nadie tiene nada que decir.
La mañana se cocina a fuego lento
entre bolsillos flacos
y la mojigatería del sol.
Aquí no cantan los gallos,
las ardillas bailan eléctricas
sobre muros decorados con navajas,
las ratas cruzan la calle
sin fijarse en el semáforo.
Ya no hay cipreses mutilados
ni bolas brillantes en cada esquina.
El niño de yeso en todas partes
está donde debe estar
menos en mi sala.
Tres días más
para que el número cambie.
Ojalá no sólo el número.
No tengo nada más que decir.
Quiero más!